domingo, 9 de junio de 2013

UN JUEGO PELIGROSO
Cuando tenía 12 años, tenía una vecina con la cual yo solía jugar. Un fin de semana fui a su casa donde pasamos la tarde jugando diferentes juegos de mesa, platicando y por supuesto también disfrutamos de una rica comida. Cuando me di cuenta ya estaba oscureciendo y mis papás siempre me decían que regresara antes de que se hiciera de noche. Así que empecé a despedirme de mi vecina y su hermana. Estando ya a punto de salir e iba a despedirme del hermano de mi amiga me aventó un juguete y me pego en el ojo.
De regreso a mi casa me iba molestando el ojo, me dolía y veía borroso. Yo pensé que era por el golpe y que para el otro día ya estaría como si nada. Lo cual fue un gran error ya que al despertarme persistía la molestia y decidí contarle a mi mamá lo que había pasado y me regañó por no habérselo dicho antes.
Ese día ya no fui a la escuela. Sólo desayunamos y nos fuimos al IMSS. Ya en el doctor mi mamá le contó lo que me había pasado, el doctor me revisó el ojo y decidió mandarme a otra clínica y nos dijo que nos fuéramos directamente a urgencias.
Salimos del consultorio y mi mamá le llamó a mi papá para que nos alcanzara en la clínica. Estuvimos toda la tarde en urgencias esperando a que me atendieran y por fin en la noche fue mi turno de pasar al consultorio. La doctora nos preguntó el motivo por el cual habíamos ido y me revisó. En seguida hizo una cara muy seria y dijo que me tenían que operar de emergencia porque se me estaba saliendo el iris y me canalizaron al hospital de la raza.
Cuando llegamos al hospital nos atendió una doctora muy amable y dijo que esa misma noche me operarían, sólo teníamos que esperar a que llegara el cirujano. Así que me ingresaron pero no me operaron. Al siguiente día la doctora pasó a ver cómo seguía y le dijimos que no me habían operado. Por lo que se molestó mucho y le dijo a una enfermera que me pasara a piso y que fuera por el doctor porque era una emergencia. A media tarde por fin me revisó el doctor pero no me podían operar porque tenía gripa así que sólo me puso unas gotas y dijo que esperaríamos a que se me quitara.

Estuve varios días en el hospital hasta que el temible y a la vez esperado día llegó.  El enfermero llegó por mí y me llevó al quirófano. Cuando desperté estaba rodeada de mucha gente que no conocía y aparte estaba amarrada  lo cual me asusto aún más. Una enfermera se acercó y me dijo que me calmara, que volviera a dormir. Al momento de volver a abrir los ojos ya estaba en mi cuarto con mi mamá. Ella me pregunto como me sentía. Me dijeron que toda había salido bien sólo me pusieron tres puntadas y me había quedado una cicatriz en el ojo.

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