UN JUEGO PELIGROSO
Cuando tenía 12 años, tenía una
vecina con la cual yo solía jugar. Un fin de semana fui a su casa donde pasamos
la tarde jugando diferentes juegos de mesa, platicando y por supuesto también
disfrutamos de una rica comida. Cuando me di cuenta ya estaba oscureciendo y mis
papás siempre me decían que regresara antes de que se hiciera de noche. Así que
empecé a despedirme de mi vecina y su hermana. Estando ya a punto de salir e
iba a despedirme del hermano de mi amiga me aventó un juguete y me pego en el
ojo.
De regreso a mi casa me iba
molestando el ojo, me dolía y veía borroso. Yo pensé que era por el golpe y
que para el otro día ya estaría como si nada. Lo cual fue un gran error ya que
al despertarme persistía la molestia y decidí contarle a mi mamá lo que había
pasado y me regañó por no habérselo dicho antes.
Ese día ya no fui a la escuela. Sólo
desayunamos y nos fuimos al IMSS. Ya en el doctor mi mamá le contó lo que me
había pasado, el doctor me revisó el ojo y decidió mandarme a otra
clínica y nos dijo que nos fuéramos directamente a urgencias.
Salimos del consultorio y mi mamá
le llamó a mi papá para que nos alcanzara en la clínica. Estuvimos toda la
tarde en urgencias esperando a que me atendieran y por fin en la noche fue mi
turno de pasar al consultorio. La doctora nos preguntó el motivo por el cual
habíamos ido y me revisó. En seguida hizo una cara muy seria y dijo que me
tenían que operar de emergencia porque se me estaba saliendo el iris y me canalizaron al hospital de la raza.
Cuando llegamos al hospital nos
atendió una doctora muy amable y dijo que esa misma noche me operarían, sólo
teníamos que esperar a que llegara el cirujano. Así que me ingresaron pero no
me operaron. Al siguiente día la doctora pasó a ver cómo seguía y le dijimos que
no me habían operado. Por lo que se molestó mucho y le dijo a una enfermera que
me pasara a piso y que fuera por el doctor porque era una emergencia. A media
tarde por fin me revisó el doctor pero no me podían operar porque tenía gripa
así que sólo me puso unas gotas y dijo que esperaríamos a que se me quitara.
Estuve varios días en el hospital
hasta que el temible y a la vez esperado día llegó. El enfermero llegó por mí y me llevó al
quirófano. Cuando desperté estaba rodeada de mucha gente que no conocía y
aparte estaba amarrada lo cual me asusto
aún más. Una enfermera se acercó y me dijo que me calmara, que volviera a
dormir. Al momento de volver a abrir los ojos ya estaba en mi cuarto con mi
mamá. Ella me pregunto como me sentía. Me dijeron que toda había salido bien sólo
me pusieron tres puntadas y me había quedado una cicatriz en el ojo.
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