Cuando
tenía casi cuatro años, mi familia y yo fuimos de vacaciones a Iguala a casa
de mi tía, porque vinieron unos familiares de los Estados Unidos, así que nos
invitó a toda la familia a su casa para pasar las vacaciones. La casa tenía alberca,
lo cual era perfecto porque era verano y hacía mucho calor, por lo que
decidieron que sí fuéramos.
En
el momento en el que llegamos a la casa, nos asignaron los cuartos en donde nos
íbamos a quedar, para que pudiéramos empezar a desempacar y cambiarnos la ropa
por el traje de baño. Una vez instalados mi mamá nos puso a mi hermana y a mí el
traje de baño así como el bloqueador para evitar que nos quemáramos por el sol
que estaba muy fuerte.
Después
nos llevó a la alberca, cuando llegamos nos sentó en la orilla, sólo para que
nos mojáramos los pies, ya que mi mamá estaba esperando a mi papá para que
agarrara a mi hermana o a mí, para que nos metiéramos a la alberca un rato
porque ninguna de las dos sabía nadar y se nos habían olvidado los flotadores
en el cuarto.
En
lo que esperábamos a que llegara mi papá, mi hermana estiró su brazo y me dio
un manotazo en la espalda para molestarme, pero fue muy fuerte y perdí el
equilibrio, lo que provocó que cayera a la alberca. Al darse cuenta mi mamá se
metió rápidamente para sacarme, pero con el susto no podía agarrarme y sacarme
de la alberca.
Cuando
por fin logró agarrarme y calmarme le llamó a mi papá para que nos ayudara a
salir de la alberca porque no podíamos debido al susto. En cuanto llegó, mandó
a mi hermana con mis tíos para poder sacarnos de la alberca y evitar que mi
hermana también pudiera caerse.
Una
vez que pasó el susto, mis papás decidieron que era mejor ir por los flotadores
antes de meternos a la alberca para evitar otro accidente. Mi papá fue a
buscarlos al cuarto y regresó a los pocos minutos con ellos, en cuanto los
inflaron mi mamá empezó a ponernos a cada una los flotadores.
Con
los flotadores ya puestos y más calmados todos, nos sentaron nuevamente en la
orilla de la alberca sólo para que metiéramos los pies, pero ahora sí mucho más
seguras. Desde entonces mis papás nunca se olvidaron de ponernos los flotadores
cuando íbamos a la alberca.